miércoles, 23 de octubre de 2013

Pa dir y venir, mejor no dir





Si bien en su origen pudo referirse al desplazamiento físico de las personas, por extensión se aplica a la solidaridad. No debe interpretarse por tanto como con un rasgo de pereza del canario, y sí como su manera de pensar forjada con el paso de los siglos cuando se agrandaban las distancias entre el grupo social acomodado de los burgueses con el grupo asalariado de los jornaleros, aplicado de forma generalizada al quebranto de la confianza que pueda depositarse en la respuesta positiva a una demanda que se hace a otra persona.





Aduce por tanto a presuponer de antemano que aquello que se va pedir, se va denegar o ignorar, y se reacciona con el enaltecimiento del orgullo como persona, sin incurrir en el "pecado" del orgullo pues su prejuicio emana del perfecto conocimiento que se tiene por los antecedentes de la otra persona. Siempre es una evaluación muy personal, en muchos casos difícil de entender por el componente de intimidad de determinadas parcelas de la vida.  





No dice por tanto de amarguras o frustraciones, y sí del perfecto conocimiento de los desengaños padecidos que ha roto la confianza depositada en una persona concreta, fortaleciendo de alguna manera su esperanza en otras de su condición, más modestas, e inclusive con menos posibilidades. 


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